Interviste


JUAN VICENTE PIQUERAS. EL DON DE DECIR LO QUE SENTIMOS

Autores: Alfredo Méndiz
Localización: Nuestro tiempo: Revista mensual de cuestiones actuales, ISSN 0029-5795, Nº. 627, 2006, pags. 52-55
Resumen:
Me recibe en el Instituto Cervantes de Roma, donde trabaja. Es un día de julio especialmente caluroso. "Fuera, al aire libre, ni locos", me dice. Y me lleva a un aula vacía. A Juan Vicente Piqueras le conocí en los locales de una pequeña editorial, hace unos meses, en la presentación de su último libro. Él recitaba sus poesías en castellano y su mujer, la actriz Carola Silvestrelli, recitaba a su vez, después de cada una, la traducción italiana. Aquellos versos me dieron impresión, sobre todo, de sinceridad. Y quizá no era una impresión solamente subjetiva. "Rischio la commozione", dijo Carola a media voz en cierto momento, antes de atacar los versos de una poesía por la que se sentía particularmente interpelada: como pidiendo perdón por si en el curso de la lectura la voz se le quebraba. "Ella te mandará mi foto: es mi musecretaria", me dice él. Y sin más preámbulos pasamos ya a hablar de poesía.


JUAN VICENTE PIQUERAS. POETA Y PROFESOR DE ESPAÑoL EN EL INSTITUTO CERVANTES DE ROMA

Autores: Lola Soriano
Localización: Las Provincias

Amor y pasión. Esos son los dos sentimientos que Juan Vicente Piqueras ha elevado a la máxima potencia. Este valenciano, nacido hace 47 años en Los Duques de Requena, ha explorado territorios como la poesía, la traducción, la docencia, la interpretación y la radiodifusión. En cada una de estas facetas se siente cómodo porque todas utilizan un mismo vehículo: la lengua española. Aunque vive en Roma y trabaja en el Instituto Cervantes, su talento sigue cosechando éxitos en España con múltiples premios.

Parece que a muchos autores los premios les llueven cuando ya peinan canas, pero no es el caso...

–Es el caso, hija mía. Hace ya tiempo que peino más canas de las que echo al aire.

¿Cómo se logran tantos premios?

–Hace 20 años que no vivo en España y enviar mis libros es mi manera de intentar publicarlos. Soy como un náufrago que escribe sus mensajes en su isla desierta y los echa al mar. Algunos llegan, otros se hunden o se pierden. De hecho, llevo 30 años dedicándome a la poesía y sólo cuatro han sido premiados.

¿Qué le ha hecho más ilusión: el premio José Hierro, el Antonio Machado, el Alfons el Magnànim...?

–El premio José Hierro fue el primero y me permitió conocer y ser amigo de un gran poeta y un gran hombre. Me hubiera encantado conocer a Antonio Machado y también, por qué no, a Alfonso el Magnánimo, que amó y vivió en Italia, como yo.

¿Cuántos premios tiene? ¿Ha perdido la cuenta?

–He perdido la cuenta de los premios a los que me presenté y no me dieron. Una vez envié un libro a un premio y lo declararon desierto.

Es licenciado en Filología. ¿Opina que la carrera sirve de poco, o como yo, cree que es una base sobre la que uno tiene que trabajar?

–Salí por piernas de la Universidad, y sigue sin gustarme. No podía imaginar que sería mi título lo que acabaría dándome de comer, porque la poesía como comprenderás...

¿Usted de qué generación literaria es? ¿O prefiere que no le etiqueten en ninguna?

–Una de las cosas que detesto de la enseñanza universitaria es la obsesión por los grupos, la clasificación de talentos individuales. Sólo sirve para hacerse la chuleta en el examen. Creo en las personas y en la singularidad de su trabajo.

Figura en listados de poesía contemporánea junto a Vicente Gallego, Gloria Fuertes, Goitisolo, Trapiello o Villena. ¿Se siente cómodo o identificado entre ellos?

–No sé dónde ha leído esos listados. Admiro, más o menos, sus obras, pero me temo que sólo tengo en común el ser una persona que escribe poesía en lengua castellana. A Gallego le conozco. No nos vemos nunca, pero nos mandamos los libros y nos tenemos una especie de secreto cariño. Pero soy uno de los pocos poetas que no aparece en ninguna antología en España.

–¿Qué prefiere cosechar, premios o ventas?

–Ni lo uno ni lo otro. La poesía vende poco y los premios si llegan bien, y si no, paciencia. Prefiero cosechar lectores que amen y subrayen mis versos, que mi poesía sea capaz de hacerles compañía.

¿Qué le hace marchar a Italia, el trabajo, el amor o quizás las dos cosas?

–Siempre creí que me había ido de España a ver cómo era el mundo fuera. Ahora sé que me fui en busca de mi voz, mi poesía. Y del amor, que me estaba esperando.

Su mujer es actriz, Carola Silvestrelli, y ha colaborado con usted en recitales...

–Algo hemos hecho juntos, pero preferimos no unir amor y trabajo.

¿Qué cuenta a sus alumnos sobre la vida de un poeta?

–A mis alumnos les enseño lengua y cultura españolas y rara vez aludo a mi vida de poeta en el aula.

Tiene otras facetas en áreas como la traducción, radio, teatro y prologa libros... ¿Con qué se queda?

–Me gusta mucho traducir a los poetas que amo, subtitular películas italianas que se distribuyen en España en versión original y ponerle mi voz a los documentales. Y te confieso que echo de menos la radio. Me encantaría hacer un programa de música y poesía en España. A ver si alguna emisora lee esto y me llama.

¿Qué hace un poeta impartiendo conferencias sobre flamenco y tauromaquia en Requena?

–Hace más de 20 años que doy charlas de aspectos de la cultura española en Francia, Italia, aquí...

¿Sabe de todo o es importante saber de todo?

–Son muchas las cosas que ignoro. Lo que pasa es que son muchos años leyendo y estudiando, y algo siempre se queda.

–¿Dónde le pilló el 11-M y el 11-S?

–En Roma. Del 11-M dejé un testimonio poético en el libro que publicó la editorial Bartleby.

¿Qué echa de menos de Los Duques de Requena?

–Un montón de cosas que se resumen en una: mi niñez. Y los cerezos.

¿Es aficionado a la cultura del vino propia de Utiel-Requena?

–Soy hijo y nieto y descendiente de viticultores y para mí el vino es la vida, la verdad (in vino veritas, decían los latinos). Es la sangre de los dioses y de los hombres.

¿Qué opina de la ley del alcohol que finalmente se ha aparcado?

–Lo siento, tengo que confesar que la desconozco.

¿Qué le gusta de Valencia?

–El mar, la enorme playa de la Malvarrosa, comer en los restaurantes de las Arenas. Me encanta la estación, la Lonja, el Mercado Central, la calle Caballeros, las torres... ¡Ah! y me fascinan las palmeras.

Se ha ido de una ciudad bella a otra hermosa. ¿En qué se parecen y se diferencian?

–Son dos ciudades mediterráneas y con muchos vínculos culturales, pero al mismo tiempo incomparables. Roma es mamma Roma y Valencia es hija de Roma.

¿Qué opinión le merece la Valencia de Calatrava y la Copa América?

–Me parece fantástica la vocación moderna de Valencia.

¿En qué debería mejorar?

–No lo sé porque no vivo en Valencia, pero me produce horror la fiebre constructora-destructora en el litoral y en todas partes.

Valencia tierra de músicos, pintores como Sorolla. ¿Y de poetas?

–Valencia tiene y tuvo siempre poetas excelentes en sus dos lenguas. Desde Ausiàs March a Vicent Andrés Estellés. De Juan Gil-Albert a Francisco Brines. Y entre los contemporáneos Vicente Gallego, Carlos Marzal, Antonio Cabrera, Jenaro Talens y muchos otros.

En 'Aldea', premiada por Alfons el Magnànim, hace un viaje lingüístico por su origen, Requena. ¿Uno no debe olvidar sus orígenes?

–La palabra original viene de origen. Sin raíces no hay frutos, ni ramas, ni pájaros que se posen.

En uno de tus trabajos dice que ha decidido "no estar en ningún sitio que no sean aviones, naves, trenes...". ¿No le gusta quedarse?

–Siempre me gustó estar entre un sitio y otro. Mis mejores poemas los he escrito esperando trenes, autobuses, aviones o personas que tardaban en llegar. Ahora estoy aprendiendo a quedarme, a no huir.

¿Vivimos demasiado rápido?

–Sí. Acabaremos desintegrándonos. Reivindico la lentitud.

Dice que el tiempo "es el tren que nunca se detiene". ¿Si pudiera comprar tiempo en qué lo invertiría?

–El tiempo no se compra. Si alguien me lo regalara, podría leer los libros que no he leído, ir a los lugares que no conozco o dedicar más tiempo a las personas que amo.

Se le ha comparado con el Góngora de 'Soledades' o con el 'Cuaderno de Nueva York' de Hierro...

–¿Quién me ha comparado con ellos? Sabes más cosas sobre mí que yo mismo. No entiendo la comparación, pero no me disgusta.

¿Vive pegado al móvil?

–He conseguido desintoxicarme. A veces lo dejo en casa. Cuando estoy hablando con alguien lo apago y me encantaría que los que están hablando conmigo también lo hicieran.

En un mundo donde, a través de internet, se puede bajar uno el disco o el libro de moda, ¿habrá sitio para hacer y vender poesía?

–La poesía existirá siempre. Encontrará maneras de ser y de expresarse mientras quede una brizna de humanidad sobre este pobre planeta.


PIQUERAS: STORIA DI UNA LEGGENDARIA AMICIZIA

A cura di:Francesca Garofoli
RaiLibro

Juan Vicente Piqueras, poeta e responsabile accademico dell'Istituto Cervantes di Roma, reinterpreta il Don Chisciotte di Miguel de Cervantes alla luce della grande amicizia che lega il cavaliere al suo servitore e dell'amore soltanto sognato tra Chisciotte e Dulcinea.

Si parla molto di Don Chisciotte e poco del suo autore: Miguel de Cervantes. Potresti dirci chi era e quanto dell’autore è presente nella sua opera?

Miguel de Cervantes ha avuto una vita veramente movimentata. Forse il suo più grande romanzo è stato proprio la sua biografia, avventurosa e molto movimentata. Lui è finito più volte in galera, accusato di crimini e delitti che non sono stati provati. Essenzialmente doveva scontare il delitto di "sangue" di non essere cristiano, perché era discendente di ebrei. Questo ha fatto sì che non ottenesse mai una carica pubblica, alla quale invece teneva molto. Oggi Cervantes è un personaggio pubblico, l'emblema dello Stato spagnolo, mentre in vita è stato persistentemente rifiutato. Accusato della morte di un uomo e condannato al taglio della mano destra, quando aveva appena vent’anni, è dovuto scappare ed è andato a Roma. Lì è stato al servizio del cardinale Acquaviva e da personaggio lui stesso cavalleresco, chisciottesco, ha partecipato come volontario alla battaglia di Lepanto, dove ha perso il braccio sinistro. Rientrando da Lepanto è stato rapito dai pirati turchi e condotto in Algeria, dove è rimasto prigioniero per cinque anni. Alcuni critici sostengono che durante questo periodo oscuro della sua vita, Cervantes abbia avuto rapporti omosessuali con il capo degli schiavi... il che è l'estremo tentativo di avvalorare la "modernità" di Cervantes.
Cervantes era un personaggio molto moderno moralmente: si è parlato e sparlato della sua famiglia a lungo. Si dice che le figlie ricevessero visite notturne... il che ha fatto sì che gli sguardi accusatori si puntassero sempre su di lui e finisse in galera per ben tre volte ingiustamente. Il "Chisciotte", infatti, è stato scritto, almeno per la prima parte, nel carcere di Siviglia. Cervantes ha avuto ogni tipo di sventura e io credo che la sua vita sia tutta dentro il Chisciotte, che è l'opera di maturità di Cervantes: l'opera di un uomo che ha più di sessant'anni e che da più di vent'anni non pubblica un libro.
Il Chisciotte è un compendio di ironia, pietà, tragicommedia e saggezza. Ed è questo che ha fatto la sua fortuna: questo personaggio anziano, impazzito dalla lettura, un antieroe, il primo vero antieroe della storia moderna. È un eroe letterario, un uomo che passa all’azione perché invaghito delle storie che legge. E, un po' come era successo a Cervantes, si confronta con il mondo e viene ripetutamente sconfitto.

Don Chisciotte è considerato un invincibile non tanto perché vittorioso, anzi, ma proprio per la sua caparbietà... Potresti soffermarti su questo aspetto e sulle sue implicazioni?

Credo che la grande ammirazione che la figura di Don Chisciotte suscita sia motivata dalla sua tenacia: lui continuamente viene sconfitto, ma continuamente si rialza e riprende una nuova avventura, sempre accompagnato dal fedele Sancho. Don Chisciotte è un po' come il toro, non si arrende mai: viene punito, castigato, insediato, assediato, colpito… non si arrende mai, attacca sempre, tira sempre avanti, fino alla fine. Quindi è un modello di orgoglio, di tenacia e di perseveranza nell'inseguire la giustizia, la libertà e i suoi ideali. Viene ripetutamente sconfitto e alla fine viene definitivamente sconfitto. La sconfitta di Don Chisciotte è il suo tornare alla saggezza, alla realtà, al realismo. Verso la fine, tornando al paese dopo la sconfitta subita sulla spiaggia di Barcellona, Don Chisciotte dice a Sancho: "Sancho, ti ricordi quella battaglia con i giganti?" "Come no – risponde Sancho – è stata una gloriosa battaglia". "E invece no, non erano giganti, Sancho. Erano mulini". E mentre Sancho si ostina, Don Chisciotte colto dalla malinconia e dalla tristezza non può che arrendersi alla realtà. Frattanto che si dicono questo, una lepre esce dai vitigni e viene a nascondersi tra le zampe di Ronzinante, tremante e impaurita. Don Chisciotte la raccoglie e la guarda, consapevole che il suo ritorno sarà la morte. Don Chisciotte morirà per puro realismo, per abbandono dei suoi ideali.

Che rapporto c'è tra Don Chisciotte e Sancho? Perché a volte si scambiano i ruoli?

La storia di Don Chisciotte ha molte letture e, tra queste, si può leggere come la storia di una grande amicizia. Quasi una storia d'amore tra due personaggi inizialmente molto diversi: tra un intellettuale dell’epoca chiuso nella propria casa, un hidalgo circondato dalla sua biblioteca, dove la fantasia e la mente se ne vanno in fumo, e un rozzo contadino cicciotello che ha lavorato tutta la vita la terra e non è mai uscito dal paese nemmeno con l'immaginazione. Ebbene l'unione di questi due personaggi, nell'arco di tutte le avventure che affronteranno insieme, si contamina: Sancho si chisciottizza e Don Chisciotte si sanchopanzizza. Quindi c’è una trasfusione di saggezza popolare verso Don Chisciotte e il contrario, ovvero c'è Sancho che s’illumina di questo sentimento epico che solo Chisciotte ha, perché tutto il resto è dura realtà.
Don Chisciotte è un'opera dura, feroce. E' feroce Cervantes con la sua creatura, perché in un certo senso lo è con se stesso, con la sua propria vita, con quell'idealismo che l’ha portato al nulla, al discredito, alla galera. È un’opera molto ricca perché allo stesso tempo è scritta con ironia, con la voglia di far ridere il lettore e con molta pietà verso l'essere umano.

Ritieni che Don Chisciotte sia soltanto un utopista? O Credi che abbia un ruolo etico e morale fondato sulla realtà, non solo sui sogni?

Io penso che Don Chisciotte sia un personaggio talemente ricco che permetta molte letture. Infatti è stato il simbolo sia del Romanticismo tedesco che della cultura russa. Questa è la sua grandezza: non è un libro ben scritto, ma è riuscito a creare un mito, che ci aiuta a pensare e a capire una parte di noi. Penso che poi la realtà abbia collaborato a fare di Don Chisciotte un personaggio necessario, un mito fondamentale, perché è sempre più necessario qualcuno che creda che il mondo si può cambiare. Anche se poi viene sconfitto, Don Chisciotte è simbolo di tutti coloro che non si accontentano del mondo così com'è e lo vogliono cambiare.

Invece Dulcinea che ruolo ha in questa storia?

Dulcinea è un personaggio inesistente, un personaggio creato dall'immaginazione di Don Chisciotte. Lui ha bisogno dell'amore e quindi se lo inventa, perché che cavaliere è uno che non ha unamata, che non ha un ideale anche amoroso. Quindi Dulcinea è un'invenzione, non c'è un personaggio reale che sia Dulcinea. In questo lo aiuta anche Sancho che, vedendolo molto solo – perché Don Chisciotte è un personaggio che incarna la solitudine – inventa visite e discorsi con la presunta Dulcinea. Ma quella che Don Chisciotte chiama Dulcinea è solo una contadina con le mani logorate dal lavoro quotidiano. Dulcinea è il nome del bisogno d'amore di Don Chisciotte, perché lui è un uomo solo che ha vissuto sempre solo, circondato esclusivamente dai suoi libri, e ha bisogno di inventarsi l'amore, proprio come inventa la realtà. Noi non abbiamo un'immagine di Dulcinea. Potrebbe essere qualsiasi donna, perché è l'amore, al di là della persona amata, è l'idea dell'amore.

Qual è l'avventura di Don Chisciotte che più ti è piaciuta?

Quella che ha avuto la miglior fortuna è sicuramente quella dei mulini a vento: forse perché è più cinematografica o visuale. Io invece preferisco l'avventura dei galeotti, dove Cervantes, che era stato in galera ed era molto critico con la giustizia dell'epoca, decide di liberare i prigionieri. In un certo senso si pone con spirito critico nei confronti della sua stessa vicenda. In tutta l'opera di Cervantes c'è un rapporto ambiguo con la verità, quasi distaccato, a cominciare dal fatto che non si appropria della paternità della sua opera, imputandola a un altro autore. Questo distacco, un po' alla Borges, lo rende molto moderno come narratore.


INTERVISTA DI JUAN VICENTE PIQUERAS A TONINO GUERRA

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Critiche


CRITICA AL LIBRO ALDEA
di Antonio Cabrera

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CRITICA AL LIBRO ALDEA
di Túa Blesa

Haber nacido en una aldea
"varada, suspendida
entre un pasado que todos desprecian [...]
y un porvenir que no lo es",
abandonarla y, al cabo de los años se
"le da vueltas a un verbo:
volver, volver, volver...",
tal es la historia mínima sobre la que se escribe este libro, la historia de un personaje que habla en él para rescatar del olvido aquel lugar de pertenencia, su propia vida, paisajes y emociones, todo lo cual parecen ser materiales autobiográficos del autor Juan Vicente Piqueras, nacido en Los Duques de Requena (Valencia, 1960), la aldea.

Autor de varios libros de poesía (Tentativas de un héroe derrotado, Castillos de Aquitania, La latitud de los caballos, La palabra Cuando, La edad del agua...) y también traductor, Piqueras lleva aquí a cabo un ejercicio de regreso al origen, de vivencia y exploración de su formación sentimental, de todo aquello que, habiendo muerto, resucita ahora en su emoción, en sus versos, de ahí que el primer poema convoque al Lázaro bíblico. Recurriendo al mismo personaje, reescribirá una vida inventada en la que, para empezar,
"no se fue de casa,
que se quedó a morir, a marchitarse
en el hogar materno".

Impregna todo el libro una nostalgia, nada ingenua, por cierto, un sentimiento de haber perdido otra vida que, por un lado, es emoción que se transmite eficazmente al lector, al tiempo que se incide en una pregunta que pone en crisis al propio yo y su biografía: ¿no pudo ser otra mi vida? Siendo que ese serotro late en cada poema, las numerosas citas que el texto incorpora desdoblan también a la palabra en propia y ajena. Una excelente lectura.


CRITICA AL LIBRO ALDEA
di José Manuel Pons

"Este es un libro antiguo y anterior.
Escrito en espiral desde 1980 hasta ayer (...)."
Estas palabras de la dedicatoria dan justa cuenta del libro que el lector tiene en sus manos. Por una parte nos hablan de una unidad temática que atraviesa toda la obra y que justifica la inclusión de esos poemas de antaño, y, por otra, nos avisa de la posibilidad de que los versos de una y otra época, aquí en convivencia, muestren un resultado desigual. Sin duda, se echa en falta, en algunos de los poemas, el de sobra afianzado quehacer poético de Juan Vicente Piqueras.

Aldea, premio Valencia de Poesía 2006, es la crónica del regreso simbólico del poeta al lugar que le vio nacer. Resurrección. Vuelta a los suyos desde la tierra que le es propia. En realidad, vuelta desde el lenguaje. Es un regreso a la auténtica realidad de uno mismo. Lo verdadero de cada uno –nos dice Piqueras- no está en huir de las propias raíces. Como el Lázaro evangélico, figura recurrente en toda la obra, se necesita "resucitar" a la vida de la familia, de las propias raíces, salir de uno mismo para poder encontrarse. Y, como el hijo pródigo de la parábola, el hombre está abocado a volver a la casa paterna, a su tierra, punto de partida desde donde entender y dar sentido a la propia vida. Hasta entonces
"Tal vez se sentiría
como hoy yo, sin razón, huérfano pródigo".

Poesía que explícitamente quiere ser autobiográfica, asumiendo la manipulación de la realidad que supone esta tarea, en la que la relación que mantiene con su padre, con su madre y con la aldea traza el eje de coordenadas de comprensión de la misma. Ahora bien, la reflexión que sobre la propia vida realiza a través de los diferentes referentes bíblicos o grecolatinos, así como el juego de metáforas que va brillando verso tras verso, nos remite a una problemática que, en última instancia, hay que entender como una cuestión de lenguaje. Descubrimos que lo que el autor persigue es fijar con la palabra "su aldea", ardua tarea en la que recuperar la aldea que le vio nacer parece que no es posible
"Y volverá a una aldea
que ya no será suya",
y que, por otra parte, necesariamente ha de dejar paso a la "aldea" que descansa en su memoria, aun cuando tenga la certeza de que
"El pasado es más fuerte
que Dios. Nadie, ni Dios,
puede cambiarlo. Sólo la memoria".
Y es la memoria, construida a fuerza de lenguaje, el lugar desde donde levanta la fortaleza de Aldea, parapeto detrás del cual se refugia de los vientos de la realidad. Del mismo modo, nos repite una y otra vez, recordar es mirar "desde fuera" de nosotros nuestro propio pasado. Y en ese desdoblamiento, tan característico de la poesía de Jaime Gil de Biedma, podemos ser quien queramos: mirar desde la óptica de nuestra madre
"De repente lo siento: soy mi madre",
a la vez que se tiene la certeza de lo que hay de la propia madre en cada uno:
"soy mi madre y el hijo que heredó sus heridas,
su voz, sus ojos tristes,
su corazón que es piña de ciprés".

"Poesía del lenguaje" cargada de intertextualidades tanto temáticas como estilísticas. El uso de metáforas casi puras con las que construye un mundo que, de no ver el anclaje en la realidad, diríamos que escapa de la misma, nos trae el recuerdo del Góngora de las Soledades. Las imágenes, la conjunción de las palabras... tal vez deban mucho al José Hierro de Cuaderno de Nueva York. De Szymborska hereda el oportuno uso de la enumeración así como el amor por las cosas cotidianas, recursos ambos que son de lo más característico de la poesía de Piqueras y que, sin duda, la engrandecen.

Seguramente haya que limpiar los poemas de metáforas para que no suene a vacío detrás de tanto juego verbal y se pueda dejar paso al sentimiento verdadero y al ánimo encendido.


CRITICA AL LIBRO MELE DI MARE
di Nicolò Carnimeo

Tutto è pronto: il mare, l'atlante, l'aria
Mi manca solo il quando
un diario di bordo, il dove, le carte di navigazione
venti a favore, il coraggio
e qualcuno che mi ami come non so amarmi io.


Ecco qualche verso del poeta spagnolo Juan Vicente Piqueras tratto dal suo Mele di Mare, che la Casa Editrice Le Lettere (www.lelettere.it), ha di recente pubblicato in un elegante formato tascabile. Piqueras è irrinunciabile e merita un posto tra i pochi libri compagni di viaggio e di mare per questa estate, «la sua poesia - scrive Luis Sepúlveda nella prefazione - è fresca e sincera, lascia nell'anima lo stesso piacere di un assolo per pianoforte interpretato da Egberto Gismondi, o di un bicchiere di vino bevuto in una taverna familiare».
Un piacere semplice e profondo, a volte amaro come cogliere una mela, tradizionalmente associata al frutto proibito del Paradiso, quindi al primo peccato o alla prima punizione, alla scoperta del male e del dolore. «Forse per questo la mela per Piqueras - scrive la curatrice del testo Martha L. Canfield - è anche il frutto privilegiato dell'abero del linguaggio: la mela è la poesia, o meglio ancora ogni testo poetico è una mela - dolce e tragica - generata dalla conoscenza del dolore.
Ma le sue mele non convocano soltanto la terra e il cielo: anzi, esse sono "mele di mare". E il mare simbolo della transitorietà fra il realizzabile e l'ormai compiuto, rappresentazione dell'ambivalenza, dell'incertezza e del dubbio, talvolta incarna lo spazio sterminato dove tutto è possibile... altre volte lo spazio dove tutto viene seminato, campo della memoria e per questo humus fertile dal quale sboccerà il frutto della poesia».
Che cos'è la poesia? Risponde lo stesso Piqueras in una densa post fazione che s'intitola la poesia come compagna di naviogazione.
«Io intendo la poesia come una compagna di navigazione destinata a collegare i porti isolati che siamo noi, tracciando scie che fondano linee dentro la nostra memoria. Soltanto la poesia può solcare il vuoto blu e rischioso dell'oceano.
Ogni testo poetico è una nave, un canto da marinaio, un messaggio lanciato in mare dal naufrago che abita in noi. Un testo poetico è un ponte fragile, ma impellente, con angeli di marmo e statue di sale, che collega sponde che nessuno conosce, isole selvagge, solitarie. Il poeta è il pirata e il cartografo di quelle isole. E' il selvaggio che serba e che coltiva una parlata battesimale che da nome all'ineffabile, ed è esperto esploratore che non si può permettere il lusso o l'errore di confondere la giungla con un pronome».